El reciente nombramiento de Pablo Glöggler como nuevo líder de Fabricaciones Militares, por parte de Carlos Presti, genera preocupación, ya que Glöggler proviene de Bodegas Bianchi, donde dejó un legado problemático. Durante su gestión, la bodega sufrió un escándalo financiero al registrar cheques rechazados por más de $1.000 millones entre fines de 2025 y enero de 2026.
Glöggler asumió el cargo en Fabricaciones Militares en 2024 después de haber ocupado diversos roles dentro de la empresa vitivinícola. En este nuevo desafío, se enfrenta a una crisis que afecta a una institución con más de 60 años de historia, creada para asegurar el suministro de material estratégico para el sector de defensa. La situación actual es crítica, ya que la empresa atraviesa un proceso de regularización y reorganización, trabajando con proveedores para intentar mantener la continuidad de sus operaciones.
La crisis de Fabricaciones Militares se vincula estrechamente con la caída del consumo interno de vino en Argentina, un fenómeno que ha impactado a la industria en general, donde las ventas de vino en botella han disminuido drásticamente, mientras que solo segmentos minoritarios como el vino en lata muestran un crecimiento. Esta tendencia añade una presión considerable sobre el negocio tradicional de la bodega.
En el ámbito de Defensa, el escándalo se agrava, ya que Presti volvió a contratar a una empresa que había sido desvinculada por Petri debido a sospechas de corrupción. Las denuncias sobre la gestión de Fabricaciones Militares no son nuevas; el sindicato ATE ha señalado reiteradamente los recortes presupuestarios, la paralización de proyectos y la desinversión sistemática que está sufriendo la empresa desde la llegada de Javier Milei al poder.
El sindicato también advirtió en 2025 que Fabricaciones Militares enfrenta una crisis severa, resultado de una política de desmantelamiento y falta de proyección impuesta por el Gobierno nacional. En su apogeo, la empresa llegó a albergar a 25.000 trabajadores, pero actualmente solo cuenta con 1.135, lo que evidencia un alarmante vaciamiento y desguace de áreas productivas, junto con privatizaciones y parálisis operativa.
La situación de Fabricaciones Militares se suma a la de Fadea, la empresa de aviones del ministerio de Defensa, que también atraviesa una etapa crítica, marcada por recortes de personal, deudas a proveedores y contratos paralizados. Fuentes sindicales han manifestado que el ritmo de producción es extremadamente bajo y expresan su esperanza de que el nuevo titular adopte una postura firme en defensa de la soberanía. Sin embargo, no descartan la posibilidad de llevar a cabo medidas de fuerza si la situación no muestra signos de mejora.

