Víctor Bronstein, ingeniero y doctor en sociología, aborda la energía desde una perspectiva de poder, no solo técnica. En este contexto, la guerra en Medio Oriente resalta la energía como un eje central en la disputa global. Bronstein expone dos visiones sobre el impacto de la crisis del petróleo en Argentina: la subida del precio del barril beneficia las exportaciones, pero también trae inflación.
Bronstein explica que el petróleo es un insumo fundamental en casi todos los productos, especialmente en los alimentos. Un estudio estadounidense reveló que detrás de cada caloría de alimento hay diez calorías de hidrocarburos. Esta realidad impactará la inflación tanto en Argentina como en el resto del mundo. Los efectos de la crisis se sienten en diversos sectores, desde el costo de las naftas hasta los precios de insumos agrícolas como fertilizantes y maquinaria.
Cuando se le pregunta si la subida del petróleo beneficia a los productores de urea, Bronstein aclara que, aunque el precio de exportación les favorece, los costos de materia prima también aumentan. Sin embargo, los que realmente se benefician son los productores de petróleo y gas. Desde un enfoque geopolítico, Argentina puede posicionarse como un proveedor seguro de energía, al no estar en una zona de conflicto.
Un ejemplo es PAE, que aún no concluyó las obras de su buque regasificador en Río Negro, pero ya ha firmado contratos con Alemania para asegurar el suministro. Esto se debe a que Alemania busca proveedores confiables tras la crisis del gas ruso, exacerbada por la destrucción del gasoducto Nord Stream.
Bronstein destaca que, a largo plazo, el conflicto en Medio Oriente podría beneficiar a Argentina, pero a corto plazo, la inflación es inminente. La crisis del petróleo podría compararse con la de 1973, aunque el mundo actual está mejor preparado. La duración del conflicto y el cierre del estrecho de Ormuz influirán en el precio del barril, que ya subió un 20% desde el inicio de la crisis.
La situación actual también se enmarca en la lucha geopolítica entre Estados Unidos y China. Bronstein sostiene que Irán, al provocar caos económico global, busca obligar a Trump a retirarse. Además, menciona que la crisis energética ha llevado a un aumento en la demanda de energía firme, lo que ha generado cuellos de botella en la producción de turbinas de gas.
En cuanto a las regalías petroleras, algunos gobernadores ven un aumento en los ingresos gracias a la subida del barril, lo que compensa la baja recaudación. Sin embargo, el gobierno nacional podría verse obligado a aplicar retenciones si los precios continúan escalando. En Noruega, el 75% de la renta petrolera se destina al Estado, lo que contrasta con la situación argentina.
Bronstein concluye que, aunque Milei podría implementar retenciones o un barril criollo, esto sería contradictorio con su discurso. La energía ha sido clave en el crecimiento de las sociedades modernas, y la crisis actual condiciona un cambio hacia un futuro sin energía barata, lo que podría generar problemas de crecimiento y desarrollo.

