El Banco Central logró acumular un total de USD 700 millones en reservas, marcando así diez jornadas consecutivas con saldo positivo desde el lanzamiento de su nuevo programa de acumulación de reservas a principios de enero. Solo en esta última jornada, el organismo adquirió 125 millones de dólares, lo que eleva el total acumulado en lo que va de 2026 a 687 millones. Como resultado, las reservas brutas alcanzaron un nuevo récord de 44.607 millones de dólares.
En paralelo, el valor del dólar comenzó a retroceder. En el mercado minorista, la divisa cayó 15 pesos en un solo día, lo que representa una baja del 1%, cerrando en 1.455 pesos en la pizarra del Banco Nación. En el segmento mayorista, el dólar también experimentó una caída del 0,7%, finalizando en 1.430 pesos, su nivel más bajo desde el 21 de noviembre. Esto indica que el Banco Central no solo compró de manera contundente, sino que también logró que el tipo de cambio disminuyera a su menor valor en casi dos meses. ¿Qué provocó esta situación?
El primer factor a considerar es el ingreso extraordinario de dólares financieros. En las últimas tres semanas, varias grandes empresas decidieron colocar obligaciones negociables en el extranjero, trayendo consigo un flujo significativo de divisas al país. Solo esta semana, las emisiones superaron los 700 millones de dólares. Dentro de estas colocaciones, se destacan John Deere con 80 millones y Scania con 41 millones. Además, el grupo Clarín captó 600 millones para Telecom. También se anunció que un banco privado realizó una recompra de deuda por 400 millones y la petrolera estatal decidió reabrir un bono con vencimiento en 2034 por otros 500 millones. Este caudal de dólares ingresó de forma repentina, aliviando notablemente el mercado cambiario.
El segundo aspecto a tener en cuenta es de índole técnica. El Banco Central no está comprando dólares en el mercado abierto, sino que efectúa compras directas a las empresas que emiten deuda. Estas son operaciones en bloque, negociadas con entidades privadas, lo que evita retirar oferta del Mercado Único y Libre de Cambios y, por ende, no presiona el precio. De esta manera, el banco adquiere dólares sin alterar el valor de la divisa.
El tercer elemento a considerar son las tasas de interés. El Tesoro logró renovar el 98% de las Letras que estaban por vencer, pagando tasas exorbitantes que en los tramos más cortos alcanzaron el 50% anual. Este nivel de rendimiento, que quintuplica la inflación proyectada en el presupuesto, descomprime la demanda de dólares. Con un incentivo tan alto, muchos inversores prefieren mantener sus activos en pesos, aunque sea por un tiempo limitado.
El cuarto factor que influye en esta situación es la gestión de expectativas. Se llevan a cabo operaciones en el mercado de futuros y se envían señales coordinadas que buscan convencer a los actores económicos de que no habrá un salto cambiario inminente. Este aspecto es crucial en una economía donde las expectativas suelen tener más peso que los fundamentos.
A esto se agrega una maniobra adicional. El Gobierno está ofreciendo a los bancos títulos ligados al dólar de muy corto plazo, con un rendimiento implícito que les asegura un tipo de cambio más bajo que el del mercado. Gracias a esta estrategia, los bancos reducen su demanda de divisas, lo que contribuye a la baja del precio del dólar.
Es un mecanismo que opera con todas sus piezas ajustadas al máximo. La imagen refleja precisión y control. Sin embargo, el contexto indica que este equilibrio depende de flujos transitorios, deuda y tasas elevadas. El logro es evidente, pero la gran pregunta es si este esquema se sostendrá hasta que lleguen los dólares de la cosecha.

