El escándalo se desató cuando se reveló que la Cancillería, liderada por Pablo Quirno, otorgó un contrato directo por casi $115 millones a la Asociación Argentina de Cultura Inglesa, sin pasar por el proceso de licitación. Este contrato, que suma exactamente $114.044.133, tiene como objetivo capacitar al personal del ministerio en el idioma inglés.
La Asociación está bajo la dirección de María Josefina Roulliet, quien es la esposa de Federico Sturzenegger, el ministro conocido por su defensa del estado austero y eficiente. Resulta curioso que los diplomáticos necesiten aprender inglés, considerando que para ingresar al Instituto de Servicio Exterior de la Nación (Isen), ya deben dominar el idioma a la perfección.
Este episodio impacta negativamente en la imagen de los libertarios, quienes se han posicionado como críticos de la corrupción y de los contratos irregulares que benefician a familiares de funcionarios, un discurso que han utilizado frecuentemente contra el kirchnerismo. En este contexto, la Justicia también embargó a Javier Llach y González Fraga por un fraude millonario vinculado al caso Vicentín.
No es la primera vez que Roulliet se ve envuelta en situaciones dudosas relacionadas con el Estado, lo que alimenta las sospechas sobre los beneficios que obtiene gracias a la posición de su esposo. Un antecedente significativo ocurrió durante el gobierno de Mauricio Macri, cuando Sturzenegger dirigía el Banco Central. En esa ocasión, Roulliet fue nombrada al frente del Fondo Nacional de las Artes, una entidad encargada de gestionar subsidios y programas culturales, un área que dista mucho de la enseñanza del inglés.
Además, durante su gestión en el gobierno porteño, se ocupó de un programa de mecenazgo cultural. Su salida de esos cargos se produjo en medio de un decreto anti-nepotismo que obligó a los familiares de funcionarios a dejar sus puestos en el Estado. Sin embargo, tras esa etapa, Roulliet logró nuevamente acceder a recursos estatales, impulsando proyectos que se financiaron a través del régimen de mecenazgo del gobierno de la ciudad, lo que le permitió unir sus tres pasiones: el arte, el inglés y la política.
Este esquema le facilitó canalizar aportes privados con beneficios fiscales para proyectos culturales, aunque también suscitó críticas por los vínculos repetidos entre estructuras estatales y espacios dirigidos por personas cercanas al poder. En una foto pública, se puede ver a Sturzenegger junto a Roulliet en un evento de la Universidad Di Tella, lo que reafirma su cercanía.
En todos estos casos, el apoyo al arte se utilizó como una estrategia para favorecer a las empresas que pueden desgravar impuestos, un tema recurrente en la agenda de Sturzenegger. Ante la magnitud del escándalo, Quirno no tuvo más opción que salir a responder a las críticas, incluso provenientes de militantes libertarios. "No hay absolutamente ninguna irregularidad, sino todo lo contrario. La Cancillería ha contratado a la AACI desde 2018 para capacitar en inglés a nuestro personal", aseguró.
Sin embargo, el hecho de que la directora ejecutiva sea la esposa de un ministro genera suspicacias. La situación pone en evidencia a un gobierno que se presenta como defensor de la reducción del Estado, pero que, al mismo tiempo, se ve envuelto en debates clásicos sobre el uso de los recursos públicos.

