La base monetaria se convirtió en el núcleo del debate económico en Argentina, aunque no por las razones que se esperaban. Mientras el Gobierno sostiene que la inflación es consecuencia de una expansión monetaria que ya quedó atrás, los datos revelan una realidad diferente: el país enfrenta uno de los procesos de compresión monetaria más severos de los últimos años.
El problema actual no parece radicar en un exceso de pesos, sino en su escasez relativa dentro de una economía que sigue operando con un bajo nivel de actividad. Entre diciembre de 2019 y enero de 2026, la Base Monetaria creció de aproximadamente $1,7 billones a más de $43 billones en términos nominales. A primera vista, este dato podría sugerir una expansión significativa. Sin embargo, al ajustarlo por inflación, la interpretación cambia drásticamente. En términos reales, el stock de dinero disminuyó cerca de un 32%.
Esto implica que hoy circula menos dinero en relación al tamaño de la economía que al inicio de este período, un claro reflejo de un proceso sostenido de contracción monetaria. La tendencia a la baja se mantuvo entre 2020 y 2024, alcanzando su punto más bajo en este último año, con una leve recuperación recién en 2025. A pesar de ello, el nivel actual de la base monetaria sigue estando por debajo de lo registrado al comienzo de este ciclo, evidenciando que el ajuste monetario fue profundo, aunque no siempre coincida con la narrativa pública que predomina en el debate.
Caputo advierte que se aproxima un trimestre complicado debido a la caída en la recaudación y el agotamiento del crédito. Este mismo fenómeno se observa al medir la base monetaria en relación al Producto Bruto Interno (PBI). A finales de 2019, representaba alrededor del 8% de la economía, y hoy se sitúa en aproximadamente 5,1%. Este dato no es menor: indica que la economía está menos monetizada.
La contracción de la base monetaria se constata al compararla con el PBI. El control de la liquidez ya no depende de la emisión directa, sino que se apoya en otros instrumentos, como tasas de interés elevadas, absorción a través de pasivos remunerados y condiciones financieras más restrictivas. En la práctica, esto implica un cambio de régimen. El Banco Central gestiona la escasez como herramienta para estabilizar la economía. La lógica es sencilla: menos pesos en circulación significan menor presión nominal. Sin embargo, la inflación desciende en lugar de aumentar, como debería suceder según el manual libertario.
El costo de esta política se manifiesta en otros aspectos. El crédito se encarece, el consumo se enfría y la actividad económica pierde impulso. En este contexto, se repite una imagen clásica de la economía argentina: el motor no cuenta con el combustible necesario para acelerar.
En medio de este panorama, el debate entre economistas se tornó público, revelando diferencias conceptuales significativas. Carlos Maslatón afirmó que "la base monetaria no es moneda, sino una pequeña fracción de la misma", sugiriendo que también deben considerarse encajes, cuentas corrientes, cajas de ahorro y plazos fijos. Según su perspectiva, "Milei ha quintuplicado la cantidad de moneda en el país", cuestionando la noción de emisión cero y advirtiendo que los efectos de esta política se reflejarán en los precios.
Por otro lado, Diego Giacomini, ex socio de Milei y ahora crítico, señaló que "todos los agregados monetarios volaron en términos reales entre julio de 2024 y julio de 2025", enfatizando que la expansión no desapareció, sino que cambió de forma. Su enfoque se centra en los agregados más amplios y en el comportamiento del crédito y los depósitos, más que en la base estricta.
La respuesta provino de economistas alineados con el enfoque oficial. Julián Yosovitch sostuvo que "este gobierno no emite ni expande la base monetaria", mostrando series donde la variación de la base se compensa con absorción monetaria y operaciones del Banco Central.
Este cruce de opiniones reveló que la discusión ya no es solo empírica, sino también conceptual: qué se entiende por dinero y qué variable debe observarse para evaluar la política monetaria.
Un dato menos visible, pero relevante, es que la relación entre la Base Monetaria y las reservas internacionales se mantuvo prácticamente estable, pasando de alrededor del 65% en 2019 a cerca del 67% en 2026. Esto sugiere que, a pesar del ajuste monetario, la restricción externa sigue operando como un límite estructural. La falta de dólares continúa condicionando el esquema económico, independientemente del volumen de pesos en circulación.
El discurso oficial persiste en señalar a la emisión como la causa principal de los desequilibrios, pero los datos indican una economía comprimida, con menor circulación real de dinero y con el crédito lejos de convertirse en un motor de recuperación. La inflación coexiste con este escenario, alimentada también por precios relativos y expectativas, marcando un límite a la frase que Milei repitió incansablemente y que ahora, curiosamente, menciona con menos frecuencia: "la inflación es en todo momento y lugar un fenómeno monetario".

