Javier Milei inauguró de manera formal el 144° período de sesiones ordinarias en un ambiente festivo que contrastaba con la creciente crisis industrial y la conflictividad por despidos que atraviesa al país. En lugar de mostrar la calma que podrían haberle otorgado sus recientes triunfos en el ámbito parlamentario, se lanzó en una serie de ataques contra el peronismo que recordaron más a sus tiempos como panelista en televisión que a la figura de Estado que prometió ser.
En su mensaje a la Asamblea Legislativa, se jactó de sus victorias políticas, aunque no presentó anuncio alguno, algo que suele ser habitual en este tipo de ocasiones. "Hemos aprobado el primer presupuesto sin déficit fiscal libre de default en 100 años, y terminamos con la emisión monetaria que se utilizaba para financiar el desastre fiscal", afirmó al inicio de su discurso.
Sin embargo, rápidamente dejó de lado el orgullo por sus logros para desatar un ataque feroz contra sus rivales. El ambiente se tornó tenso y Milei intensificó su discurso, calificando a los opositores de ser una "manga de delincuentes". "Por eso tienen a la suya presa y va a seguir presa por la causa de los cuadernos, va a seguir presa por el Memorándum con Irán porque es una chorra", vociferó, refiriéndose a Cristina Kirchner.
Cada vez que un legislador de la oposición lo cuestionaba, sus seguidores o el propio presidente respondían con vehemencia. "Ustedes no pueden aplaudir porque tienen las manos tapadas de bolsillos ajenos", les dijo, descalificándolos como "corruptos". Aprovechó la ocasión para reivindicar la reforma laboral, exclamando: "¡Qué alergia le tienen a los datos, el desempleo bajó!", aunque no citó fuentes en un contexto donde la desconfianza hacia el Indec es palpable.
La encendida retórica de Milei contagiaba a todo el oficialismo. En un momento, arremetió contra el peronista Germán Martínez, quien lo contradecía desde su banca: "Dejá de mirarte en el espejo, Martínez, los chorros son ustedes", lanzó. En ese instante, los legisladores y activistas se unieron al grito de "tobillera, tobillera", nuevamente en referencia a Cristina.
Los militantes libertarios recibieron a su líder entonando fragmentos de la canción "Panic Show" de La Renga. Desde el bloque peronista, se escucharon gritos en alusión a José Luis Espert, el diputado que renunció por sus vínculos con el presunto narcotraficante Fred Machado, y el oficialismo rompió al unísono con el primer cántico: "¡Pre - si - den - te!".
Los jueces de la Corte Suprema y los gobernadores presentes observaban la alocución de Milei con expresiones serias, quizás incómodos. El presidente retomó la rabia juvenil que había comenzado a moderar tras la derrota en las elecciones de septiembre en territorio bonaerense.
Con un discurso extenso y repetitivo, enumeró logros que pertenecen al futuro, como la desaceleración de la inflación. También mencionó éxitos de dudosa validez, defendiendo el RIGI por haber creado, según él, 60 mil empleos, aunque este dato contradice las cifras oficiales de la Secretaría de Trabajo, que solo reconocen 20 mil. En dos años de gobierno libertario, se perdieron alrededor de 200 mil puestos de trabajo en el sector industrial.
"Robar está mal, pero robarle el pan de la boca a los más vulnerables para acumular poder sobrepasa cualquier adjetivo que se pueda encontrar en el diccionario", expresó en otro momento de su intervención, criticando el aumento en la Asignación Universal por Hijo y otras ayudas sociales. Regresó a cargar contra el peronismo al acusarlos de convertir a los beneficiarios de planes sociales en "esclavos".
Milei citó indicadores del EMAE para demostrar que "hace dos años que la economía argentina crece", aunque eso no implica una mejora en la situación del país. Sin embargo, se atrevió a afirmar: "la malaria se terminó".
Los datos que supuestamente respaldaban su discurso se desvanecían rápidamente, como cuando se refirió a Juan Grabois como "oligarca disfrazado de pordiosero" y a Myriam Bregman como "Chilindrina Troska". Mientras el presidente se gritaba casi hasta quedar afónico, Victoria Villarruel permanecía impasible o enviando mensajes por su celular. En los palcos, el ministro de Salud, Mario Lugones, parecía adormecido.
Entre las bancadas opositoras, estaban presentes los diputados de izquierda y una delegación de peronistas, incluyendo a Eduardo Valdés, Gustavo Bordet, Agustina Propato, Jorge Taiana y Jorge 'Gato' Fernández. Posteriormente, se sumaron Germán Martínez, Victoria Tolosa Paz, Sabrina Selva, Natalia Zaracho, Juan Grabois y Juan Marino, quien llevó un cartel negro que decía: "Milei = despidos". Los senadores del interbloque de José Mayans no asistieron, en señal de protesta por haber sido vulnerados en la composición de las comisiones de la Cámara Alta. Los diputados identificados con La Cámpora tampoco estuvieron presentes. Al finalizar la sesión, Martínez confrontó a Menem para reprocharle la falta de decoro del presidente, mientras que los pocos gobernadores aliados que asistieron se retiraron sin realizar comentarios tras escuchar el discurso.

