El diputado Martín Menem dio inicio a la sesión destinada a discutir la reforma laboral a las 14:15, al lograr contar con 130 legisladores en sus bancas. Para alcanzar este número, se hicieron presentes en el recinto los tres diputados de Osvaldo Jaldo, los tres de Raúl Jalil y los nueve que responden a Gustavo Sáenz y Carlos Rovira, tal como se había anticipado. Otro legislador que contribuyó al quórum fue el rionegrino Sergio Capozzi, integrante del interbloque de Unidos, quien mantuvo reuniones hasta último momento con Silvana Giudici para solicitar modificaciones a los artículos relacionados con el fondo de indemnizaciones. El último en ocupar su banca, superando por uno la cifra de 129, fue el santacruceño José Garrido, quien suele acompañar al oficialismo en las votaciones.
La jornada comenzó con un ambiente tenso desde el principio. Los kirchneristas estallaron de indignación al ver desfilar por el recinto a los catamarqueños Sebastián Nóblega y María Fernanda Ávila, quienes aportaron al quórum con su presencia, generando un cruce verbal con la tucumana Elia Marina Fernández. Ante los gritos de reproche de legisladoras como Paula Penacca, la diputada de Jaldo respondió de manera desafiante: "Ganen las elecciones", repetía con jactancia.
No obstante, este no fue el único momento álgido al inicio de la sesión. Tras el izamiento de la bandera, el peronista Germán Martínez expresó su desacuerdo con la forma en que Menem quería llevar a cabo la sesión, sin contar con un acuerdo de labor parlamentaria aprobado y sin distribuir adecuadamente el uso de la palabra. Durante su intervención, el santafecino fue abucheado por la bancada libertaria mientras advertía que aquellos que apoyaran la reforma laboral "se van a arrepentir".
Sin tener en cuenta que otros legisladores deseaban hablar, Menem puso a consideración la moción de Gabriel Bornoroni, presidente del bloque de LLA, y pretendió que se había aprobado a mano alzada. Esta maniobra desató una ola de protestas de los legisladores en su contra. Agustín Rossi, Penacca y Cecilia Moreau se lanzaron al ataque, y parecía que la sesión se le escapaba de las manos al titular de la Cámara Baja. Las bancadas de Fuerza Patria, la izquierda y Provincias Unidas comenzaron a aplaudir en señal de protesta, sumándose al griterío generalizado.
Martínez exigió que Menem sometiera nuevamente la moción a votación, pero de manera nominal, para que quedara registrado quiénes apoyaban el plan de labor libertario. Menem, en respuesta, utilizó una triquiñuela que encendió aún más los ánimos del kirchnerismo, argumentando que la votación debía ser "por reconsideración" y requerir dos tercios.
Los peronistas se quejaron de que la moción inicial había sido introducida de manera engañosa para silenciar las voces de rechazo. Sin embargo, se volvió a votar y, a pesar de la oposición, hubo 136 votos a favor del intento oficialista y solo 107 en contra, permitiendo que continuara el itinerario diseñado por Menem y Bornoroni.
Este esquema prevé más de 8 horas de sesión sin contar cuestiones de privilegio y homenajes, lo que podría extender los tiempos. La votación en particular se realizaría por títulos, en lugar de habilitar la discusión por artículos. A pesar de la tensión, el oficialismo confiaba en que tendría los números necesarios para imponer el rumbo de la sesión y avanzar con la reforma laboral.

