El gobierno argentino logró, tras varias horas de deliberación, la aprobación de la reforma laboral en la Cámara de Diputados, alcanzando 135 votos a favor y 115 en contra. Este éxito se cimentó en el respaldo de importantes gobernadores como Osvaldo Jaldo, Raúl Jalil y Gustavo Sáenz, así como de los bloques aliados del PRO, la UCR y otros partidos menores. Curiosamente, algunos diputados de Catamarca, como Fernanda Ávila, Sebastián Nóblega y Fernando Monguillot, se permitieron votar en contra, confiados en que el oficialismo contaba con un sólido respaldo numérico.
El respaldo se extendió también a los tres representantes de Salta, los cuatro de Misiones, y los dos de Tucumán que se manifestaron a favor. Sin embargo, el tercer tucumano, Javier Noguera, no estuvo presente en la votación. En Córdoba, tres diputados se ausentaron, mientras que Martín Llaryora logró gestionar la ausencia de otros legisladores, permitiendo que Carlos Gutiérrez votara junto a los libertarios y Juan Brugge con la oposición.
Durante la votación, el Título I fue aprobado con una amplia mayoría, sin incluir el artículo Galperín que el PRO había solicitado. El Título II, correspondiente al Fondo de Ahorro Laboral (FAL), obtuvo 130 votos a favor, 117 en contra y varias abstenciones, entre ellas las de Lourdes Arrieta, Karina Banfi y Sergio Capozzi de Río Negro. Al abordar el Título III, surgió un intenso debate sobre el traspaso de competencias laborales a la Ciudad de Buenos Aires. Finalmente, el bloque de La Libertad Avanza (LLA) logró reunir 135 votos positivos, mientras que la oposición alcanzó 110 negativos y se registraron cinco abstenciones.
El senador Pichetto criticó duramente el FAL, afirmando que era un fondo creado para beneficiar financieramente al ministro Caputo. Uno de los legisladores que apoyó la reforma comentó que el gobernador de su provincia había instado a respaldar la ley con argumentos alarmantes, sugiriendo que era mejor dejar que los libertarios avanzaran sin resistencia. En su opinión, el electorado argentino tiende a votar adecuadamente cuando enfrenta adversidades y erróneamente en tiempos de bonanza.
La ausencia de diputados cordobeses como Schiaretti, Torres y García Aresca debilitó a la oposición, que a pesar de los esfuerzos de Llaryora por coquetear con la CGT, no pudo evitar que se llevara a cabo la sesión. En medio de la tensión, algunos diputados, como Paula Penacca y Agustín Rossi, intentaron interrumpir el desarrollo de la sesión, pero Martín Menem se mantuvo firme, contando con los votos necesarios.
La jornada estuvo marcada por incidentes, como el intento de Horacio Pietragalla de simbolizar la gravedad de la ley con una cadena, representando la esclavitud. Sin embargo, el clima se apaciguó cuando Menem permitió un homenaje a Beto Pianelli, un destacado dirigente sindical fallecido recientemente. Aunque la sesión continuó con algunos cruces entre kirchneristas y peronistas, la oposición se quedó sin recursos para frenar la reforma.
En un momento crítico, el diputado rionegrino Marcelo Mango propuso que el proyecto regresara a comisión para revisar su constitucionalidad, aprovechando que el recinto estaba semivacío. Sin embargo, el secretario parlamentario, Adrián Pagán, argumentó que no se podía proceder debido a la falta de quórum. A pesar de los intentos de la oposición, la votación continuó, y la reforma laboral avanzó sin mayores obstáculos.

