Una movilización histórica conmemoró los 50 años del golpe de Estado, desbordando la Plaza de Mayo y convirtiéndose en una de las manifestaciones más masivas desde el retorno de la democracia. Esta jornada trascendió el simple repudio a la dictadura y se erigió como un claro mensaje político contra el gobierno de Javier Milei.
Las organizaciones de derechos humanos estimaron que la convocatoria superó incluso a la de mayo de 2017, cuando cerca de medio millón de personas se manifestaron en el centro de la ciudad en contra del fallo del 2x1 de la Corte Suprema. En esta ocasión, la Plaza de Mayo se tornó irrespirable, completamente colmada por una marea humana que desbordó todas las diagonales y alcanzó hasta la Avenida 9 de Julio.
La impresionante concurrencia dejó al gobierno de Milei en una situación incómoda. En respuesta, el oficialismo publicó un video para ofrecer su versión sobre la “Memoria Completa” de lo sucedido en los años 70, aunque esta vez careció de la audacia del video de Tata Yofre del primer año de gobierno. La nueva producción, un interminable pastiche de 73 minutos, buscó polarizar con el kirchnerismo, pero se contradijo en varios segmentos.
El reclamo de los manifestantes volvió a poner en el centro de la discusión las cifras del terrorismo de Estado: 30 mil desaparecidos, el robo sistemático de bebés y más de 500 nietos apropiados, de los cuales apenas 140 lograron recuperar su identidad. Sin embargo, el tono de la movilización evidenció que el eje no solo se centraba en la memoria histórica, sino también en una reacción frente a lo que amplios sectores interpretan como un intento de relativizar esos crímenes.
Además del rechazo al negacionismo libertario, las consignas también apuntaron a la crisis económica que sigue afectando a las mayorías. En la plaza, se entrelazaron las banderas clásicas de derechos humanos con carteles que criticaban directamente el ajuste del gobierno y la situación de los trabajadores. En Tucumán, se presentó un cajón fúnebre de cartón que simbolizaba el luto por los jubilados de la era Milei.
La masividad de la marcha sorprendió incluso a los organizadores y actuó como un catalizador de la oposición a Milei, que incluyó gestos de unidad significativos dentro del peronismo, con la presencia de sus principales dirigentes en la Plaza. Desde Axel Kicillof hasta Sergio Massa, pasando por La Cámpora y la CGT.
Mientras el gobierno difundía un mensaje de casi dos horas que sostenía que el golpe fue necesario para erradicar la guerrilla, en las calles se consolidaba una narrativa completamente opuesta. El contraste fue evidente: de un lado, un discurso oficial considerado por muchos como anacrónico; del otro, una movilización que demostró una notable capacidad de convocatoria transversal.
La desorientación del gobierno fue tal que Milei, quien en reiteradas ocasiones atacó al ex presidente Raúl Alfonsín, terminó reivindicándolo en un intento forzado por polarizar con el kirchnerismo. “El coraje es hacer lo correcto cuando la mayoría está en contra. En este tema, Alfonsín se destacó mucho más”, afirmó.
La movilización también recibió un fuerte respaldo político opositor. Además de la presencia de Kicillof y Massa, numerosos dirigentes del peronismo se volcaron masivamente a las calles. La columna más grande fue la de La Cámpora, que, como cada 24 de marzo, se concentró en Libertador, frente a la sede de la ex ESMA, convertida en un Museo por la Memoria por el kirchnerismo. Desde allí, marcharon hasta San José 1111 bajo la consigna “los genocidas presos, Cristina libre”. La ex presidenta, desde el balcón de su departamento donde se encuentra, saludó a la multitud que desbordó esa zona del barrio de Constitución.
Como anticipó LPO, la marcha también sirvió como un potente gesto político hacia la interna del peronismo. Cristian Jerónimo, uno de los líderes de la CGT, se acercó a la ex ESMA, donde se concentraba la columna de La Cámpora, y se fundió en un abrazo con Máximo Kirchner.
Sin embargo, la masividad no se limitó a Buenos Aires. En Rosario, el Parque Nacional a la Bandera estuvo repleto, con organismos de derechos humanos estimando más de 150 mil personas. Las columnas de sindicatos, movimientos sociales y partidos políticos avanzaban separadas por miles de asistentes sueltos: familias, jóvenes y niños que le otorgaron a la marcha un carácter masivo y transversal. “Hubo una movilización ciudadana muy importante”, comentó un experimentado militante del peronismo rosarino.
Escenas similares se replicaron en Córdoba, Tucumán y otras ciudades del país donde hace un año Milei lograba un triunfo contundente en las elecciones intermedias. No es un dato menor que en mayo de 2017, medio millón de personas se volcaron a las calles para repudiar el 2x1 de la Corte Suprema que favorecía a los militares presos. En aquella ocasión, la multitud cuestionó al gobierno de Mauricio Macri, que también intentaba avanzar con discursos de impunidad y negacionismo.

