Este miércoles, los diputados Martín Menem y Gabriel Bornoroni quedaron sorprendidos cuando los líderes de las bancadas opositoras les informaron que no hay tiempo suficiente para dictaminar y llevar al recinto la reforma laboral que se espera del Senado la próxima semana.
Según tres diputados consultados, el riojano, que no pronunció palabra durante la reunión que convocó en el Salón de Honor, había planeado que un plenario de comisiones dictaminara el proyecto que enviaría la Cámara Alta el miércoles 18 de febrero y que se aprobara en una sesión el 25 de febrero. Sin embargo, se presentó un obstáculo reglamentario: el dictamen debe ser firmado 10 días antes de que finalice el período de sesiones en curso. Javier Milei, en su decreto de convocatoria, estableció que el último día para las sesiones extraordinarias sería el viernes 27 de febrero.
El oficialismo enfrenta una dificultad para dictaminar antes del 18, ya que el lunes 16 y el martes 17 son feriados de carnaval. Durante esos días, el Congreso permanecerá cerrado y conseguir pasajes para que los legisladores viajen desde las provincias se torna complicado. La CGT y los empresarios han manifestado su deseo de postergar la reforma laboral para marzo.
Otra alternativa sería que se dictaminara el proyecto de reforma el viernes 13, pero un aliado de los libertarios expuso dos problemas. Primero, el Senado debe enviar el texto definitivo de la media sanción que obtendría el miércoles 11 a Diputados, incorporando las modificaciones que surgirían durante el debate, lo que complica una tarea que nunca tarda menos de 48 horas. En segundo lugar, la mayoría de los representantes provinciales regresarían a sus distritos el viernes 13, tal como lo anunció Bornoroni el jueves 12 de febrero, cuando se trató el proyecto de Ley Penal Juvenil como tema excluyente.
En este contexto, los diputados Ritondo, Molina y Glinsky se encuentran en comisiones. Por lo tanto, la única opción que le queda a Milei es emitir un nuevo decreto que extienda el período de sesiones ordinarias hasta el 28 de febrero, es decir, un día más. Esta maniobra sería válida, pero evidenciaría la falta de cálculo del gobierno en cuanto a los plazos técnicos y la pulseada política.
A pesar de que la situación no es dramática, ya que el oficialismo podría reanudar la discusión en el período de sesiones ordinarias a partir de marzo, implicaría una derrota si se considera que la Casa Rosada se involucra en cada conflicto de manera extrema. Ante este panorama, un senador libertario sugirió que el posible fracaso de la reforma podría atribuirse a Patricia Bullrich, de quien Karina Milei desconfía, y por eso no resultó casual que Menem optara por el silencio ante la resistencia opositora.
Un diputado opositor respondió que todos los jefes de bloque coincidieron en que "ni reforma laboral ni Ley de Glaciares llegarán a extraordinarias porque no hay tiempo". "Menem y Bornoroni no dijeron nada, así que todos entendimos que ese silencio corroboró que no llegan", concluyó. Además, consideró que lo que envíen los senadores será revisado por los diputados. "Como muchos bloques no pueden ni siquiera conocer cuáles son las reformas, se incorporarán cambios, sí o sí, y el proyecto deberá volver al Senado con las modificaciones. Es imposible que haya reforma laboral en extraordinarias", argumentó.

