La Unión Industrial Argentina (UIA) expresó su profundo pesar ante el cierre de Fate, un hecho que no puede ser minimizado ni considerado como una simple reestructuración. Este cierre, que representa el final de una era, fue calificado por un destacado empresario del país como "la foto de un suicidio colectivo". La frase resonó rápidamente entre fábricas, cámaras empresariales y oficinas gubernamentales, ya que encapsula un clima de preocupación generalizada: cuando una empresa con tanta historia decide cesar su actividad tras ocho décadas, el debate trasciende lo corporativo y toca el núcleo del modelo económico vigente.
La planta ubicada en San Fernando no era una más en el panorama industrial argentino. Fate, con una producción aproximada de cinco millones de neumáticos anuales, ofrecía empleo a más de 900 trabajadores. Su cierre significa la salida del principal fabricante nacional en el sector, dejando el campo abierto a multinacionales como Bridgestone y Pirelli. La decisión de Fate de cerrar sus puertas se debió a la apertura de importaciones, lo que resultó en la desvinculación de 920 empleados.
El impacto de esta decisión no se limita al sector de los neumáticos. Detrás de Fate se encuentra Javier Madanes Quintanilla, un empresario influyente que también dirige Aluar, el único productor de aluminio en el país. Por lo tanto, la decisión de Fate es vista como un punto de inflexión en la industria nacional. Cuando un empresario de su calibre decide dejar de producir, el mensaje resuena en toda la estructura industrial.
La historia de Fate está entrelazada con la evolución industrial de Argentina. Fundada a principios de los años 40 en el barrio de Saavedra como la Fábrica Argentina de Telas Engomadas, su enfoque inicial fue la producción de telas impermeables para reparar neumáticos. Desde 1945, la compañía comenzó a fabricar neumáticos y cámaras para vehículos, primero de manera artesanal y luego adaptándose al crecimiento del parque automotor. En la década de 1960, se inauguró la planta en San Fernando, que durante años simbolizó el desarrollo manufacturero local, pero hoy se convierte en un emblema del retroceso de este sector.
La reacción en el ámbito empresarial es más amplia. La burguesía industrial ha sido, históricamente, fundamental para la expansión de la clase media argentina. "Ese vínculo se quiebra cuando el modelo económico se centra en precios bajos mediante importaciones y prioriza la valorización financiera en detrimento de la producción local", afirmó el empresario consultado.
La controversia resurgió con fuerza, primero en la disputa con Paolo Rocca y ahora con el segundo golpe que recibió Madanes en menos de una semana. Recientemente, el gobierno eliminó el arancel del 80,14% sobre las chapas de aluminio provenientes de China. Este arancel había sido implementado para contrarrestar prácticas de dumping y la sobrecapacidad global del aluminio, algo que llevó a naciones como Estados Unidos y Europa a establecer barreras comerciales para proteger su producción local. La decisión del Gobierno argentino de dejar vencer esta protección significa abrir el mercado a importaciones más baratas en un sector donde Aluar es el único productor nacional.
El efecto industrial es directo: se abarata el insumo aguas abajo, pero se debilita al productor estratégico aguas arriba. Este episodio también expone la complicada situación de la UIA. Hace unos días, Luis Caputo se reunió con la conducción de la entidad, donde participaron su presidente Martín Rappallini, el vicepresidente Rodrigo Pérez Graziano de la asociación de fabricantes de autos, y el secretario Eduardo Nougués de Ledesma. La UIA presentó una lista de demandas, incluyendo la reactivación del programa Ahora 12 y esquemas de pago diferido de impuestos para mitigar la caída de la actividad. Sin embargo, no hubo anuncios concretos. El mensaje oficial se centró en aprovechar la reforma laboral en curso, mientras que el propio ministro lanzó críticas en redes sociales a las cámaras empresariales por no haber respaldado la reforma.
La industria metalúrgica sufrió una caída del seis por ciento en enero, y la capacidad instalada se encuentra en un 40%. Este miércoles, la UIA emitió un comunicado que comenzaba con un tono de lamento: "lamentamos profundamente" el cierre de Fate, subrayando la pérdida de empleo, conocimiento y tejido productivo. "El cierre de Fate no debe ser visto como un evento aislado, sino como parte de un fenómeno más amplio en el que sectores industriales enteros enfrentan situaciones de competencia internacional severamente distorsionada. La industria del neumático es uno de los casos más evidentes de sobrecapacidad global y prácticas comerciales desleales, especialmente desde Asia", señala el comunicado.
La conducción industrial optó por un enfoque moderado, alineándose con una estrategia que busca mantener canales de comunicación abiertos con el Gobierno, incluso cuando la política económica resulta en una crisis en el sector. En privado, muchos industriales reconocen que la UIA muestra una paciencia que empieza a ser difícil de justificar, sustentada en la creencia de que el diálogo es preferible al conflicto.
El contexto económico se hace evidente en los datos sectoriales. Un informe de la consultora PxQ revela que la apertura de importaciones ha funcionado como un ancla de precios, pero con consecuencias directas sobre la actividad. Entre 2023 y 2025, las importaciones crecieron significativamente, mientras que el índice de producción industrial acumuló una caída cercana al 4%. En el caso específico de los neumáticos, las importaciones aumentaron un 34,8%, mientras que los precios en dólares oficiales disminuyeron un 38,3% y en pesos 42,6%, lo que refleja la presión competitiva sobre la producción local. Para el analista Claudio Slotnik, el cierre de Fate marca un quiebre: "Cuando una empresa de esta magnitud decide cerrar después de 85 años, no es un hecho menor. Es una señal clara para el resto del empresariado", explicó.
La transición del desorden de precios y escasez de 2022 y 2023 a un escenario donde no solo se produce caro, sino que se enfrenta la imposibilidad de producir, es un cambio significativo. Slotnik sostiene que este proceso ya se anticipaba con el cierre de pequeñas y medianas empresas y la pérdida sostenida de empleo industrial, pero la decisión de Fate confirma un cambio de época. "Del desorden de precios y escasez de 2022 y 2023 se ha pasado a un escenario donde el problema ya no es producir caro, sino directamente no poder producir", concluyó este economista.

