La principal planta avícola del país se encuentra al borde del colapso debido a la importación de pollo proveniente de Brasil.
La crisis en la industria avícola se vuelve cada vez más evidente, revelando las fallas estructurales del modelo económico impulsado por Javier Milei. Esta situación impacta a empresarios que anteriormente celebraban con entusiasmo el proyecto libertario. Un claro ejemplo es Joaquín de Grazia, propietario de Granja Tres Arroyos, quien salió a defender la reforma laboral promovida por el gobierno nacional, pero ahora enfrenta una dura realidad ante la llegada masiva de pollo brasileño.
Según información exclusiva, tras el cierre de la empresa Fate, la crisis se extendió a la producción avícola, afectando gravemente a Granja Tres Arroyos, la principal procesadora de pollos del país. La apertura comercial y la creciente llegada de pollo importado desde Brasil a precios que el mercado local no puede igualar han puesto a la empresa en una situación crítica.
A finales del año pasado, Granja Tres Arroyos ya enfrentaba problemas para pagar salarios, aunque logró controlar la situación en enero cuando se regularizaron los pagos. Sin embargo, a pesar de los desafíos, de Grazia continuó defendiendo públicamente las políticas de Milei. La Unión Industrial Argentina (UIA) también expresó su preocupación por el cierre de Fate, señalando que no es un hecho aislado y que se han perdido 65 mil puestos de trabajo en el sector industrial.
Además de la avalancha de pollo brasileño, Granja Tres Arroyos se vio afectada por la suspensión de exportaciones de carne avícola hacia el mercado europeo debido a restricciones sanitarias por el rebrote de la gripe aviar. Esta situación ha empeorado aún más el estado financiero de un sector donde las ventas externas son cruciales para equilibrar costos.
Otro caso preocupante es el de Cresta Roja, una empresa que ha enfrentado problemas durante más de una década. Después de ser absorbida por Granja Tres Arroyos, la familia Peña, vinculada a Macri, asumió el control, pero los conflictos nunca cesaron. En 2024, la planta de Esteban Echeverría despidió a más trabajadores y ahora se habla de un posible cierre.
La situación es alarmante, y en el sector anticipan un marzo complicado, ya que se prevé la desafectación de más de 450 trabajadores entre los frigoríficos de Cresta Roja y Granja Tres Arroyos. Si las exportaciones no se reanudan en abril, el riesgo de quiebra se vuelve inminente. Un informe de la consultora String-Agro señala que la situación es crítica y que las perspectivas son desalentadoras.
El impacto más visible de esta crisis se observa en la localidad entrerriana de Concepción del Uruguay, donde Granja Tres Arroyos opera el frigorífico más grande del país, tras haber absorbido la planta Becar hace unos años. La industria aviar llegó a emplear alrededor de 1.500 trabajadores, pero hoy el número ha disminuido a aproximadamente 700. En los últimos meses, se registraron alrededor de 160 despidos y 300 trabajadores optaron por el retiro voluntario, pero la empresa aún no ha pagado ninguna indemnización acordada, según fuentes locales.
La quiebra de un frigorífico que empleaba a más de mil personas en un empleo formal significaría una catástrofe para una ciudad de alrededor de 80 mil habitantes. Mientras las alarmas suenan por la situación de los frigoríficos argentinos, en Concepción del Uruguay se observa con desconcierto la creciente presencia de pollo brasileño en las góndolas de los supermercados, mientras el empleo formal se desmorona.
La pérdida de empleo industrial en la localidad no se limita solo al sector avícola. Recientemente, cerró una planta de YPF que suministraba combustible a la ciudad, lo que, aunque no generaba grandes ganancias, ocupaba a 47 trabajadores. Además, se produjeron despidos en empresas del rubro maderero, lo que profundizó el deterioro de la industria en Concepción del Uruguay. Ante esta situación, pequeños comercios y rotiserías han surgido como una válvula de escape frente a la falta de empleo formal.
En el sector reconocen que, con costos internos dolarizados, tarifas de energía elevadas y un tipo de cambio desfavorable, competir contra el pollo brasileño se vuelve insostenible. La amenaza más urgente es la posible desafectación de al menos 450 trabajadores en marzo y un escenario aún más severo si las exportaciones no se reactivan en abril.

