La relación que durante años sostuvieron Axel Kicillof y Julio Alak se fracturó de manera abrupta. La crisis se desató cuando Cristina Kirchner le propuso al gobernador el nombre del intendente de La Plata para liderar el Partido Justicialista bonaerense, en un contexto donde la figura de Verónica Magario generaba rechazo en el kirchnerismo.
La propuesta parecía lógica: Alak, siendo el intendente más cercano a Kicillof, había sido fundamental en la recuperación de la capital provincial, que hasta 2023 estuvo bajo el control del PRO. Este hecho se convirtió en un pilar del discurso de Kicillof, quien buscaba consolidar a La Plata como el centro político y administrativo de la provincia de Buenos Aires, marcando una clara diferencia con María Eugenia Vidal, que operaba desde el Museo Ferroviario de Retiro.
Sin embargo, la sugerencia de Cristina no fue bien recibida por Kicillof, quien interpretó que no solo se vetaba a su candidata, Magario, sino que además Alak había estado maniobrando a sus espaldas para fortalecer su propia candidatura ante la ex presidenta. Esta versión es desmentida por el entorno del kirchnerismo.
Alak, por su parte, había alimentado la expectativa de ser el próximo presidente del partido, confiando en que su amigo Kicillof lo apoyaría con entusiasmo. Sin embargo, la realidad fue muy distinta. Dos figuras relevantes del círculo político de Kicillof se vieron obligadas a sentarse con Alak para comunicarle que el gobernador no tenía intención de respaldar su aspiración al frente del PJ bonaerense. La conversación fue tensa y dejó en claro la ruptura.
Desde ese momento, la comunicación entre el intendente de La Plata y el gobernador se interrumpió. Hasta 2019, ambos habían mantenido una relación armónica. La experiencia de Alak y su capacidad para manejar las dinámicas del peronismo en la provincia habían sido cruciales para que Kicillof comprendiera las complejidades del poder en Buenos Aires. Además, Alak había sido un factor estabilizador en un peronismo fragmentado en la capital provincial.
No obstante, en los últimos meses, esa alianza comenzó a deteriorarse. El año anterior, el ministro de Gobierno, Carlos Bianco, quien estaba en conflicto con el círculo más cercano a Kicillof, intentó posicionarse como candidato a diputado provincial por La Plata, sin contar con el apoyo de Alak. Esta maniobra desató una crisis en la búsqueda de una lista unificada que incluyera al kirchnerismo, al axelismo y al massismo.
Finalmente, Alak logró colocar al camporista Ariel Archanco en la cabeza de la lista, seguido por Lucía Iañes, de su propio espacio, y Juan Malpeli, del massismo. Sin embargo, esta victoria dejó una herida profunda en su relación con Bianco y la inquietud de por qué Kicillof permitió esta intromisión en su territorio.
El malestar de Alak se intensificó cuando Kicillof le solicitó que adquiriera Letras del Tesoro bonaerense para financiar las debilitadas finanzas provinciales. Aunque se desconoce el monto de esta operación, Kicillof prometió devolverle el dinero a Alak en forma de obras y con un rendimiento financiero favorable. Sin embargo, ninguna de estas promesas se concretó, y este no fue el único desencuentro.
Para Alak, acceder a la presidencia del PJ bonaerense era fundamental para su ambición de gobernar la provincia. Su trayectoria lo respaldaba: había sido intendente de La Plata durante 16 años entre 1991 y 2007, presidente de Aerolíneas Argentinas, y había ocupado el cargo de ministro de Justicia tanto en el gobierno de Cristina Kirchner como en el de Kicillof, además de regresar a la intendencia de la capital provincial. Sin embargo, su amigo lo vetó.

