El precio de la nafta superó los 2.000 pesos por litro, lo que genera una presión considerable sobre la inflación, que ya supera el 3 por ciento mensual.
La guerra en Medio Oriente continúa sin tregua, y el costo del petróleo sigue en ascenso. Esta combinación se traduce en un hecho innegable: llenar el tanque de nafta en Argentina se torna cada vez más oneroso, afectando directamente los pilares del programa económico, que busca la reducción de la inflación y el superávit fiscal.
El conflicto bélico en la región no muestra signos de resolución, y no hay indicios de que el precio internacional del crudo vuelva a los niveles anteriores. El barril de Brent, que estaba por debajo de los 70 dólares, ahora supera los 100 dólares, y el régimen iraní ha advertido que podría alcanzar los 200 dólares. La causa principal de este aumento es el bloqueo que Irán mantiene en el estrecho de Ormuz, un punto crítico para el comercio energético global.
En condiciones normales, alrededor de 150 buques petroleros transitan diariamente por Ormuz, pero actualmente solo unos 10 logran pasar, seleccionados por Teherán entre sus aliados. Tras ataques a tres buques, Irán amenaza con que el petróleo podría alcanzar los 200 dólares, lo que ha llevado a liberar reservas de emergencia.
Esta tensión internacional repercute directamente en los precios de los combustibles en todo el mundo, incluida Argentina. En la Ciudad de Buenos Aires, el precio de la nafta superó los 2.000 pesos el litro este domingo. Este aumento no es menor: llenar un tanque de 50 litros pasó de costar 80.450 pesos a más de 100.000 pesos.
Es evidente que la nafta se ha convertido en un componente crucial del índice de precios. Cada incremento del 10% en el costo de los combustibles agrega entre 0,38 y 0,4 puntos porcentuales a la inflación mensual. En marzo, se estima que los ajustes relacionados con el petróleo podrían sumar entre 0,4 y 0,6 puntos al IPC, según las proyecciones de la consultora Empiria.
El impacto no se limita a lo directo; el aumento del combustible eleva los costos de transporte y logística, lo que a su vez se traduce en un aumento generalizado de precios. En los últimos doce meses, la nafta acumuló un incremento del 63,6%, casi el doble de la inflación general. En lo que va de 2026, ya ha subido un 22%.
Un dato interesante surge al comparar precios regionales. Según Global Petrol Prices, el litro de nafta en Argentina promedia 1,43 dólares. Solo Uruguay, con 1,89 dólares, y Perú, con 1,61 dólares, presentan precios más altos en Latinoamérica, pero no son países con una producción petrolera significativa como la Argentina. Por el contrario, Paraguay, que no produce petróleo, ofrece la nafta más barata, alrededor de 0,90 dólares.
Esta disparidad plantea interrogantes sobre la estructura de costos local. En este contexto, los impuestos juegan un papel clave. El exsecretario de Energía, Emilio Apud, explicó que el barril representa el 40% del precio final, mientras que el resto corresponde a impuestos y transporte. Daniel Dreizzen, exfuncionario del macrismo, señaló que un precio de 1,4 dólares por litro es “razonable”, y recordó que en Estados Unidos la gasolina aumentó un 30%, frente al 20% registrado en Argentina.
En términos concretos, el Impuesto a los Combustibles Líquidos (ICL) constituye el 15,8% del precio final, y el tributo al CO añade otro 0,9%. Ambos se ajustan trimestralmente de acuerdo con la inflación. Además, el ICL se distribuye en múltiples destinos: 10,4% al Tesoro, 15% al FONAVI, 10,40% a provincias, 28,7% al sistema previsional, 4,3% a infraestructura hídrica, 28,5% al transporte y 2,5% a compensaciones del transporte público.
Sin embargo, la administración de Javier Milei absorbe casi la totalidad de estos ingresos y no los redistribuye a las provincias, ni realiza las obras de mantenimiento vial que le corresponden por ley. Esto le permite sostener el relato del superávit a expensas de las provincias y de la infraestructura vial del país.
En el mercado circula la posibilidad de un congelamiento del impuesto a los combustibles, cuya actualización se prevé para abril. Sin embargo, existe un inconveniente: con la recaudación general en descenso, este tributo fue de los pocos que creció significativamente, casi un 19% en febrero, y resulta fundamental para mantener el superávit fiscal. Congelarlo implicaría resignar ingresos en un momento crítico.
A nivel mundial, otros países también están reaccionando. Estados Unidos levantó sanciones al petróleo ruso y suspendió por 30 días la ley Jones, permitiendo que buques extranjeros abastezcan refinerías en la Costa Este. Brasil, por su parte, optó por reducir impuestos a los combustibles, aplicar derechos de exportación al diésel y restringir las ventas externas de otros derivados, buscando desacoplar los precios internos del impacto internacional.
Argentina, en cambio, enfrenta un escenario más complicado. Necesita mantener precios que no desborden la inflación, pero al mismo tiempo requiere impuestos que sostengan las cuentas fiscales.

