Las protestas en Córdoba estallaron tras la solicitud del fiscal Raúl Garzón de una medalla para un perro policía que encontró el cuerpo de Agostina Vega, una adolescente de 14 años asesinada. Este hecho generó un clima de tensión social, con reclamos de justicia y fuertes críticas hacia el sistema institucional provincial, que involucra al ministro de Seguridad, Juan Pablo Quinteros, y al procurador de la provincia.
Reacciones a las palabras del fiscal Garzón
El fiscal Garzón, encargado de la investigación, elogió al perro que descubrió el cadáver de la joven, lo que provocó la reacción inmediata de Laura Vilches, ex concejala del FIT. Ella interrumpió al fiscal, señalando: "Puede ahorrarse el cinismo señor fiscal, estamos hablando de una niña asesinada de 14 años y usted felicita a los canes". Esta imprudente declaración encendió las protestas de familiares y vecinos de Agostina, quienes se acercaron a una comisaría en la zona norte, donde fueron reprimidos a tiros.
Custodia y tensiones en el barrio Cofico
En medio de esta convulsión, se estableció custodia en el domicilio del puntero peronista Claudio Barrelier, en el barrio Cofico, debido a temores de represalias. Barrelier, quien fue empleado municipal en la gestión del peronista Daniel Passerini, se encuentra detenido y podría enfrentar un cambio en la carátula de su acusación en las próximas horas. Se confirmó que el jefe de los fiscales de Córdoba, Carlos Lezcano, se encuentra de viaje en República Dominicana, lo que añade más incertidumbre a la situación.
La falta de autocrítica del fiscal y su impacto político
Durante una conferencia de prensa, Garzón se mostró imperativo y desestimó cualquier tipo de autocrítica sobre la investigación. "No hacemos absolutamente ninguna autocrítica. La urgencia de las medidas depende del tipo de denuncia", afirmó, mientras su compañero Quinteros permanecía en silencio. Este episodio no solo afecta la imagen del fiscal, sino que también impacta en el peronismo local, generando presión sobre la relación entre el Ejecutivo provincial y el Ministerio Público Fiscal. La situación se complica aún más por la creciente preocupación por la tensión social en la zona norte de Córdoba, donde vivía Agostina.
El clima político se torna incierto para Quinteros, quien era considerado un posible sucesor de Passerini en el Municipio. A medida que el caso de Agostina gana notoriedad, el silencio del ministro durante los primeros días de la desaparición de la joven genera cuestionamientos sobre su gestión y compromiso.

