El ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, logró un avance significativo al flexibilizar las normativas que regulan el otorgamiento de patentes farmacéuticas, un movimiento que impacta duramente en el negocio de Hugo Sigman y los laboratorios nacionales. Esta decisión, que formaba parte de las exigencias del acuerdo comercial con Estados Unidos, también enfrentó la oposición de Mario Lugones.
Sturzenegger anunció la derogación de una resolución de 2012 que imponía severas restricciones para patentar medicamentos, favoreciendo así el monopolio de los laboratorios nacionales liderados por Sigman y Daniel Sielecki. Esta normativa había sido impulsada por el entonces ministro de Salud, Juan Manzur, estrechamente vinculado a Sigman.
Según informaron fuentes cercanas, hace meses que Sturzenegger había firmado la resolución que anulaba la de Manzur, pero Lugones había decidido archivarla. Tanto el ministro de Salud como su hijo Rodrigo, quien es socio de Santiago Caputo, mantenían una relación cercana con los líderes de los laboratorios locales y actuaban en favor de sus intereses.
La firma del acuerdo comercial con Donald Trump dejó sin opciones a los funcionarios que se oponían a los cambios en el sistema de patentes. Uno de los puntos clave que Estados Unidos exigía era la modernización de las patentes en Argentina y la adhesión al Tratado de Cooperación en materia de Patentes (PCT). Este requisito había sido anticipado el año pasado como parte de las condiciones planteadas por Trump y Bessent para el rescate económico.
El acuerdo con el Tesoro estadounidense intensificó la presión sobre el lobby de Sigman en relación a las patentes. La discusión sobre este tema ya había costado caro a Diana Mondino, quien abogaba por la desregulación y la adopción de la normativa estadounidense, pero se topó con la resistencia de Javier Milei. Esta contradicción ideológica del presidente podría haber estado influenciada por las generosas contribuciones de campaña de los laboratorios de Sigman y Sielecki. Estos empresarios ya habían recibido beneficios, como la embajada de Francia para Ian Sielecki, sobrino de Daniel, y una notable influencia en la embajada de España para Sigman, quien tiene importantes negocios en ese país.
El régimen que estaba en vigor hasta ayer dificultaba drásticamente el patentamiento de productos de laboratorios extranjeros, argumentando la necesidad de proteger a la industria local. Esta legislación era extremadamente restrictiva, similar a la de países como Venezuela o China.
“Con la derogación, Argentina se alinea con los estándares internacionales de propiedad intelectual que respetan todos nuestros socios comerciales, incluyendo Estados Unidos, con quien hemos avanzado en un acuerdo que, a cambio de esta normalización, abre todo su mercado doméstico a nuestra industria farmacéutica”, celebró Sturzenegger.
Los laboratorios nacionales agrupados en Cilfa, que habían lanzado una intensa campaña mediática, lograron que Sturzenegger accediera a que la nueva normativa no fuera retroactiva, por lo que los medicamentos que ya se comercializaban no estarán sujetos a reclamos de compensaciones económicas por parte de los titulares de las patentes originales.

