El schiarettismo, un pilar fundamental del cordobesismo, se prepara para marcar su presencia en el Congreso. Este jueves, Juan Schiaretti, exgobernador de Córdoba, asumirá su rol como diputado en medio de tensiones con su sucesor, Martín Llaryora. La ocasión será la votación sobre la baja de edad de imputabilidad, una propuesta impulsada por Javier Milei.
Schiaretti anunció su decisión a través de sus redes sociales, donde también reveló que renunciará a la dieta como diputado nacional y rechazará los gastos de representación. Así, se abre una nueva etapa para el schiarettismo, que se posicionará como un actor clave en el diálogo entre la Casa Rosada y Córdoba. Este jueves, tras recibir el alta médica, se sentará en su banca y apoyará la iniciativa de Milei, mientras que un día antes, su esposa, la senadora Alejandra Vigo, garantizará el respaldo a la reforma laboral en la Cámara alta.
Con esta movida, el schiarettismo busca demostrar su fortaleza y autonomía, desafiando algunas decisiones recientes de Llaryora que no fueron bien recibidas por los fundadores del modelo. Aunque algunos cercanos al exgobernador aseguran que hay comunicación con Llaryora, otros admiten que existen fricciones. Sin embargo, todos intentan controlar la situación y minimizar daños.
La semana pasada, el entorno de Schiaretti reafirmó la regla del cordobesismo: el que gobierna, conduce. Esto sugiere que Llaryora será quien maneje las votaciones en el Congreso. No obstante, quienes conocen a ambos dirigentes sostienen que esta vez podría no aplicarse completamente dicha regla. En Diputados, el schiarettismo cuenta con cuatro de seis legisladores (Schiaretti, Carlos Gutiérrez, Carolina Basualdo y Alejandra Torres), mientras que en el Senado, solo Vigo representa a esta corriente. Esto alimenta el temor a una creciente autonomía en el Congreso.
Una fuente cercana a Schiaretti comentó: "Hay diálogo entre ‘el Gringo' y Martín. Sin embargo, no vamos a unirnos en un gran bloque con el resto del peronismo nacional, como algunos desean. De eso, que se olviden".
En cuanto a las votaciones de esta semana, ambas iniciativas promovidas por los libertarios recibirán apoyo, aunque con matices. Respecto a la reforma laboral, los viguistas admiten que la esposa de Schiaretti no tiene margen para abstenerse o ausentarse, como en ocasiones anteriores, lo que sugiere un respaldo general.
La relación entre Schiaretti y el Círculo Rojo siempre fue positiva. Schiaretti es visto como un aliado para el sector empresarial, algo que aún no logran ser los actuales líderes. Sin embargo, existe cierta incertidumbre respecto a cómo se manifestará Vigo, dado su vínculo con el sindicato de Amas de Casa, lo que podría llevarla a rechazar algún artículo específico de la reforma.
Otro dirigente del peronismo cordobés mencionó la influencia de Santiago Caputo para reducir tensiones con gobernadores y gremios en el marco de la legislación final, buscando facilitar así la media sanción en el Senado.
En relación a la baja de edad de imputabilidad, Llaryora fue más directo en su postura personal que en su apoyo a la reforma laboral. El gobernador reafirmó su respaldo al régimen penal juvenil, pero también enfatizó la necesidad de contar con fondos nacionales para garantizar su implementación. Recordó, además, una iniciativa que se lanzó en Córdoba al inicio de su mandato, redactada por Liliana Montero, actual secretaria de Salud, quien no mantiene una buena relación con el schiarettismo y que, recientemente, hizo comentarios en redes sociales sobre este tema.
A pesar de las tensiones, los libertarios confían en que contarán con el respaldo necesario en la Cámara baja este jueves. En un último giro, surgió la posibilidad de que algunos legisladores provinciales, leales a Schiaretti, abandonen la bancada de Llaryora para formar un interbloque dentro del PJ. Sin embargo, quienes conocen los pasillos de la Unicameral desestimaron esta opción: "No hay ninguna posibilidad; sería romper todo. A menos que haya una orden de muy arriba, eso no va a suceder. Sería tirar demasiado de la cuerda".

