El presidente del Banco Central, Santiago Bausili, desmanteló uno de los fundamentos del discurso económico de Caputo y Milei. Un informe técnico del organismo monetario reveló que desde la implementación del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) hasta el cuarto trimestre de 2025, se produjeron egresos netos de inversión extranjera directa que superaron los 4.687 millones de dólares. Este régimen, diseñado para atraer inversiones significativas, comenzó a regir el 8 de julio, pero el análisis sobre Inversión Extranjera Directa, publicado por el Banco Central esta semana, muestra que aún no logró los resultados esperados.
El propio informe intenta enmarcar la salida neta de capitales en una luz positiva. Asegura que muchas multinacionales aprovecharon las flexibilizaciones cambiarias y los incentivos exportadores para saldar deudas comerciales entre empresas vinculadas, reestructurar balances internos y retirar posiciones acumuladas en años anteriores.
El núcleo de este movimiento se concentró en el complejo exportador. Según el informe, gran parte del desendeudamiento se atribuye a la cancelación de adelantos de cobro de exportaciones, en relación con el Decreto 682, que había reducido temporalmente las retenciones para ciertos sectores. La escena recuerda a una típica postal argentina: el Estado, en busca urgente de dólares, libera incentivos extraordinarios, y el capital responde con movimientos financieros a corto plazo en lugar de con inversiones productivas sostenidas.
Cuando se analiza el documento en detalle, la situación se vuelve aún más clara. La renta de capital de la inversión extranjera directa alcanzó los 1.436 millones de dólares en el cuarto trimestre de 2025. De ese total, la distribución de utilidades y dividendos sumó 1.194 millones, mientras que la reinversión se limitó a apenas 241 millones. Este dato resulta fundamental, ya que ilustra la diferencia entre obtener rentabilidad en Argentina y decidir reinvertir esas ganancias en el país para expandir plantas, incorporar tecnología o desarrollar proveedores locales. Lo que se observa en los números del Banco Central es precisamente lo contrario.
La discrepancia entre utilidades giradas y reinvertidas refleja una dinámica centrada más en la extracción de rentas que en la construcción de capacidad productiva. El capital ingresa, genera ganancias y luego se retira. La diferencia entre las utilidades enviadas al exterior y las reinvertidas en el país que revela el informe del Banco Central pone de manifiesto esta tendencia hacia la extracción de renta.
Además, resulta significativo el mapa geográfico de las salidas de capital. Los principales egresos provienen de Suiza, Reino Unido, Países Bajos y España. Esto no es casualidad, ya que son jurisdicciones clave dentro de las arquitecturas financieras globales utilizadas por holdings multinacionales, fondos y vehículos societarios para triangular inversiones y gestionar flujos internacionales.
En paralelo, el gobierno extendió por un año el plazo de adhesión al RIGI mediante el Decreto 105 publicado recientemente en el Boletín Oficial. El vencimiento original, previsto para julio de 2026, ahora se prorrogó hasta julio de 2027. Esta decisión plantea una lectura política incómoda: si el régimen estuviera generando una llegada masiva e inmediata de inversiones, no habría necesidad de apurar la extensión de los plazos originales.
A esto se suma el anuncio del gobierno sobre el envío al Congreso de un nuevo proyecto denominado

