La actual estrategia económica del gobierno argentino se enfrenta a un evidente desgaste y demanda una reconfiguración urgente. Los problemas más críticos se agrupan en siete áreas clave:
1. Inflación persistente. La promesa de reducir la inflación a niveles que comiencen con cero, lo que implicaría un 10% anual, fracasó rotundamente. Se espera que en los próximos meses la inflación disminuya rápidamente, impulsada por un contexto de recesión, apreciación del tipo de cambio y caída del consumo. Sin embargo, la propia estabilidad del dólar genera expectativas de correcciones futuras que mantienen la inflación en niveles elevados.
2. Producción dual y empleo en descenso. Solo dos sectores, el agro y la minería, muestran un crecimiento significativo, mientras que el sector financiero presenta incertidumbres. El resto de la economía, incluyendo la industria, la construcción y el comercio, se encuentra estancado o en retroceso, alternando meses de resultados negativos y positivos. El PIB crecerá entre un 2,8% y un 3%, lo que ofrece un arrastre muy bajo para el año 2027, concentrándose en pocos sectores y provincias. Desde la asunción de este gobierno, se han cerrado 24.180 empresas, lo que equivale a 28 cierres diarios, y se han eliminado 294.400 puestos de trabajo registrados. A pesar de que los sectores más dinámicos deberían generar empleo, la realidad es que solo dos provincias han conseguido crear empleo neto. En comparación con noviembre de 2023, los salarios formales del sector privado están un 3,5% por debajo en términos reales, los salarios públicos nacionales un 37,2% y las jubilaciones mínimas un 10,2%. Esto resulta en una masa salarial drásticamente reducida, y lo más preocupante es que el ingreso disponible, es decir, lo que queda para otros consumos tras pagar servicios, ha caído aún más.
3. Ingresos, consumo y morosidad. Debido a la caída de los ingresos reales, el consumo masivo ha estado en descenso durante meses en todos los canales, incluyendo el comercio electrónico, con un cambio hacia marcas secundarias y un mayor uso de pagos en cuotas, incluso en alimentos. La morosidad familiar alcanza niveles récord, y las empresas también enfrentan problemas de deuda. Esta alta morosidad limita el crecimiento del crédito y afecta la transmisión de la baja en encajes y en la tasa de política monetaria del Banco Central. En esta Argentina dual, solo una minoría sostiene el consumo mediante bienes importados, turismo o dólares baratos, lo que distorsiona la realidad del 75% de la población que enfrenta dificultades. Curiosamente, la clase media es la que más siente el impacto en su calidad de vida.
4. Recaudación y superávit en peligro. La recaudación ha caído durante nueve meses consecutivos en términos reales, poniendo en riesgo el núcleo del plan: el superávit primario. Profundizar el ajuste solo alimenta el estancamiento. Sin una reactivación económica, la recaudación no mejorará. Esta presión fiscal también afecta a las provincias, que desde la llegada de este gobierno han perdido recursos acumulados por un total de $54 billones, un 5% del PIB, superando el resultado primario nacional en el mismo período, que fue de $36 billones. Buenos Aires, debido a su tamaño y a un castigo político, es la más afectada. Para contener este deterioro, el gobierno ha comenzado a postergar pagos a proveedores, aumentando la deuda flotante en $2 billones.
5. Reforma estructural mal gestionada. La combinación de desregulación acelerada, apreciación del tipo de cambio y apertura importadora está provocando una rápida destrucción y una lenta creación de empresas y empleo. La llamada "Hojarasca" se presenta como una cortina de humo que oculta una fuerte reconfiguración del mapa empresarial en función de un shock privatizador acelerado. Las reformas se implementan de manera apresurada, aprovechando la baja oposición, lo que garantiza privilegios en privatizaciones y tratados. No existe voluntad de atender a los afectados por esta mega reforma. Se promete que los recursos naturales impulsarán el crecimiento de toda la sociedad, pero la realidad es que sustituir un empleo urbano por uno en el sector petrolero o minero no es sencillo. La extracción de petróleo requiere un uso de capital y trabajo similar en diferentes regiones, y aunque la mano de obra en Argentina sea más barata, la sustitución de capital por trabajo es limitada por razones tecnológicas.
6. Frente financiero externo: deuda senior, riesgo país y acceso a mercados. El riesgo país no se reduce como se esperaba. Desde la firma del acuerdo con el FMI en 2025, se ha advertido que aumentar la deuda con prioridad senior frente a los bonos soberanos complica la reducción del riesgo país. Esta paradoja comienza a ser reconocida por el mercado tras el nuevo crédito para garantías del Banco Mundial y del BID. Para disminuir el riesgo, será necesario actuar sobre otros determinantes clave, como la acumulación de reservas o el superávit fiscal y externo. Los vencimientos son relativamente altos en 2026 (USD 12.500 millones) y muy altos en 2027 (USD 33.600 millones, casi todos antes de octubre). Pronto, el gobierno deberá presentar un programa financiero creíble para enfrentar una futura demanda de dólares creciente.
7. Erosión del consenso. La caída de los ingresos reales, el temor al desempleo y la frustración por la lucha contra la corrupción erosionan rápidamente el apoyo social al plan. La insatisfacción genera presión social en los centros urbanos. El factor disruptivo de Milei pierde fuerza, ya que los recursos histriónicos de la extrema derecha ya no sorprenden. Para algunos sectores del establishment, este enfoque ha cumplido su función y podría convertirse en un obstáculo para la consolidación de las reformas. Por eso, se están considerando alternativas de derecha más moderadas.
En conclusión, la trampa del dólar estable configura una Argentina profundamente fracturada. En la esfera real, el 75% de la población enfrenta dificultades, y la mayoría de los sectores productivos, que carecen de capacidad para generar empleo significativo, viven en estanflación. En el ámbito financiero, el plan se sostiene de manera frágil, dependiendo de pequeños trucos para cubrir vencimientos. La clave de esta situación es el valor del dólar.
Se anticipa que el dólar permanecerá estable hasta agosto, con una oferta comercial y financiera que mantiene el precio alrededor de $1.400. A pesar de la demanda adicional del Mundial y otros factores, este nivel es sostenible. Sin embargo, la situación cambiará a partir de agosto. Si el dólar se mantiene en torno a $1.400 tras la liquidación de la cosecha gruesa, la apreciación real acumulada alcanzará un 9%, comparable a episodios extremos anteriores, pero con una mayor carga de deuda externa.
Un aspecto crítico es el futuro de los dólares de origen financiero. Una parte importante de la oferta en el mercado de cambios proviene de la liquidación automática de créditos bancarios y Obligaciones Negociables. Si la demanda de deuda en dólares disminuye, se generará una mayor presión compradora en el mercado cambiario.
Normalmente, se espera que la apreciación del tipo de cambio ayude a reducir la inflación, pero el gobierno subestima una dinámica alternativa. Un tipo de cambio real muy apreciado, que no es creíble, genera expectativas de devaluación futura, lo que lleva a los formadores de precios a ser reticentes a bajar los precios. Esto es crucial, ya que invierte la lógica habitual del ancla cambiaria.
Los escenarios de salida y reelección se perfilan en dos caminos: permitir un deslizamiento gradual del tipo de cambio o mantenerlo estable hasta agosto y luego permitir un ajuste. El dilema es si se prefiere un deslizamiento acumulando reservas o un salto en el cuarto trimestre. Lo que realmente importará hacia fin de año será el tamaño de la corrección lograda en términos del tipo de cambio real.
Finalmente, no se puede ignorar que estas decisiones se tomarán con la mirada puesta en 2027. Milei obtuvo un 41% en octubre de 2025, un resultado crucial. Si se mantiene, podría ganar en primera vuelta; si cae, podría ser difícil recuperarse en un balotaje. La economía y el valor del dólar serán determinantes en esa decisión colectiva. El gobierno deberá llegar a las fiestas con una economía que haya revertido el estancamiento, generando expectativas positivas sobre empleo e ingresos, especialmente si se desea adelantar las elecciones. En un sentido más amplio, será fundamental romper la creciente percepción de que se está consolidando una economía dual que excluye a la mayoría de los argentinos.

