La inflación en la Ciudad de Buenos Aires se disparó un 3,1 por ciento en enero, un dato que pone en evidencia la manipulación del Indec por parte del gobierno. Este aumento confirma lo que Javier Milei y Toto Caputo intentaron ocultar al decidir no publicar el nuevo índice del organismo, que según informaciones exclusivas, superaba el 3 por ciento.
Este resultado es un duro golpe para el relato libertario que, a través de Caputo y sus voceros, trató de minimizar la diferencia entre los índices. A tal punto, que llegaron a afirmar que el nuevo IPC indicaba una décima menos. Sin embargo, la semana pasada se reveló que la proyección del nuevo índice apuntaba entre 3,2 y 3,4 por ciento, un dato que fue desmentido por Caputo, quien violando el secreto estadístico del Indec, aseguró que enero cerró en torno al 2,5 por ciento.
La situación se complicó aún más para el gobierno cuando Roberto Lavagna renunció tras recibir el nuevo índice de inflación que marcaba 3,4 por ciento, y le pidieron que no lo hiciera público. Este hecho expone la manipulación de los datos y la falta de transparencia en la gestión actual.
El IPC porteño, que suele anticipar el número nacional y pondera mejor los servicios públicos en la canasta, mostró un aumento de casi medio punto respecto a diciembre, cuando se registró un 2,7 por ciento. A nivel nacional, el índice fue de 2,8 por ciento.
Es importante destacar que el índice porteño se basa en datos de la Encuesta Nacional de Hogares 2018, que es la misma utilizada para el nuevo índice de IPC que Caputo descalificó por estar desactualizado. Por esta razón, decidió mantener la canasta basada en datos de 2004, que incluye productos obsoletos como el fax y el VHS.
La manipulación de los datos no solo afecta la credibilidad del gobierno, sino que también genera tensiones con el FMI. Según se informó, técnicos del organismo internacional solicitaron explicaciones al Ministerio de Economía sobre la decisión de no publicar el nuevo índice, algo que el propio FMI había anunciado. Una fuente reveló que no se prestó atención a la sugerencia del Fondo de publicar ambos índices durante un año como transición.
El desafío para el gobierno radica en que un índice superior al 3 por ciento desmorona el relato de desinflación y deja muy lejos la promesa de Milei de alcanzar una inflación de cero en agosto. Además, este número significaría el octavo mes consecutivo de aumento y la decisión de Caputo de ubicarlo en 2,5 por ciento implicaría una desaceleración respecto a diciembre.
La supuesta desinflación que promueven Milei y Caputo se produce a costa de una profunda recesión que afecta gravemente a la industria y el comercio, con informes diarios sobre pérdidas de empleo y cierres de empresas. Un costo demasiado alto para una inflación que supera los tres puntos.
Entre los datos más relevantes del índice porteño, se destaca un aumento del 4 por ciento en los alimentos durante enero y un 3,5 por ciento en los servicios. Además, los precios estacionales se dispararon un 15,8 por ciento.

