Toto Caputo advirtió a las autoridades de la Ciudad de Buenos Aires que se aproxima un trimestre complicado debido a la caída en la recaudación y a la falta de crédito. Durante las negociaciones sobre la deuda que la Nación mantiene con la Ciudad, el mensaje fue claro: "Vamos a tener un trimestre sin plata". Este mismo aviso desalentador también llegó a un gobernador aliado, quien se mostró preocupado por la situación.
Los ejemplos son contundentes: la Patagonia no recibió los 100 mil millones de pesos que Javier Milei había prometido para combatir los incendios, y la provincia de Santa Fe tuvo que hacerse cargo por su cuenta de los aumentos salariales de la policía tras una reciente rebelión, tal como lo expresó el gobernador Pullaro. Asimismo, los pagos del Pami a las clínicas patagónicas se encuentran estancados, con Caputo restringiendo los fondos. Desde diciembre, los ATN que se distribuyeron fueron nulos.
La economía argentina parece encaminarse hacia un laberinto conocido: la falta de recursos no proviene de un aumento desmedido del gasto, sino de la caída en los ingresos y el financiamiento que comienza a mostrar sus límites. El primer problema es de carácter fiscal. La recaudación ha caído durante seis meses consecutivos en términos reales, y enero marcó el nivel más bajo de los últimos 16 años ajustado por inflación. Según datos de ARCA, los ingresos alcanzaron 18,33 billones de pesos, con un incremento nominal del 22% respecto a enero de 2025, pero con una caída real ante la inflación.
Las razones son claras. La suspensión de retenciones, la reducción de aranceles a las importaciones y la disminución de impuestos internos impactaron negativamente en los recursos del Estado. El IVA generó 6,2 billones de pesos, con un aumento nominal del 16,4%, aunque el componente aduanero cayó un 7,6%, lo que indica un enfriamiento clásico: menos comercio exterior y menor actividad económica. El impuesto a las Ganancias sumó 3,4 billones de pesos, con un aumento nominal del 32,4%, que en términos reales apenas iguala los números del año anterior. El impuesto al cheque siguió una tendencia similar.
En paralelo, los ingresos al sistema de Seguridad Social crecieron un 27,7%, pero por debajo de la inflación anual, lo que confirma la pérdida de poder adquisitivo del empleo registrado. El resultado es claro: menos recursos disponibles y mayor presión sobre las cuentas públicas. El economista Nadin Argarañaz, presidente del Iaraf, estima que la recaudación nacional que queda en manos de la Nación cayó un 7,8% real interanual en enero, mientras que la que se distribuye a provincias y a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires retrocedió un 6,6%. Según su análisis, la recaudación total habría disminuido un 7,4% real.
El segundo problema es financiero. A lo largo de 2025 y el inicio de 2026, la liquidez en dólares permitió mantener el mercado local. Las empresas emitieron Obligaciones Negociables (ON) para refinanciar deudas y atraer divisas. Esta dinámica incrementó la oferta de dólares y permitió al Banco Central comprar reservas sin presionar el tipo de cambio. Sin embargo, este mecanismo comienza a mostrar signos de agotamiento. En solo un mes, se emitieron más de USD 1.300 millones, y luego el acceso al crédito externo se restringió nuevamente.
El movimiento fue notable. Telecom colocó cerca de USD 500 millones a una tasa del 8,5%. Banco Galicia emitió USD 216,2 millones, y Mirgor logró USD 26,5 millones destinados a capital de trabajo. Las tasas para empresas de primera línea se estabilizaron entre el 7% y el 9% anual en dólares. Sin embargo, la pregunta que surge es cuánto tiempo se puede mantener esta situación. Aquí aparece el límite estructural: el mercado local absorbió cerca de USD 20.000 millones en ON durante 2025, y los analistas comienzan a hablar de saturación.
Marina Dal Poggetto advierte que el fondeo disponible es cautivo mientras no se normalice el acceso al crédito externo, que sigue siendo complicado con el riesgo país por encima de los 500 puntos y Argentina considerada como un mercado de frontera. La consultora 1816 señala otro problema: se refinancia lo que vence, pero conseguir dinero nuevo para proyectos a largo plazo resulta complicado. Fondos y aseguradoras, además, están cerca de sus límites regulatorios de exposición.
El tercer elemento que explica la escasez que advierte Caputo es el tiempo. Faltan tres meses para que ingresen los principales dólares provenientes del agro. Entre abril y junio, el trimestre dorado, se concentra la liquidación más fuerte del año, principalmente por la soja y el maíz. Para la campaña se proyectan 146,4 millones de toneladas y exportaciones por unos 34.800 millones de dólares a lo largo del año. Sin embargo, el ingreso efectivo depende de variables que el Gobierno no controla completamente. El clima ya comenzó a generar incertidumbres sobre una cosecha récord, y muchos productores esperan mejores condiciones de precio o tipo de cambio antes de vender. "Van a tener que bajar de nuevo las retenciones a cero", advierte un diputado cercano al sector.
Mientras tanto, el ajuste vuelve a presentarse como la única herramienta disponible para mantener el equilibrio fiscal que defienden Milei y Caputo.

