Una remera hallada en la vivienda del joven de 15 años que desató la tragedia en la escuela de San Cristóbal ofrece un primer indicio que sugiere que el ataque con escopeta, que resultó en la muerte de un niño de 13 años y dejó a otros ocho alumnos heridos, podría estar ligado a conexiones más oscuras que un simple desvarío aislado. Además, según informaron fuentes oficiales, se encontraron vínculos en las comunicaciones de este adolescente con comunidades que se centran en crímenes reales y asesinos en serie, lo que ha generado conductas similares.
Los investigadores del caso, que tuvo como víctima a Ian Cabrera, de 13 años, advierten sobre un giro inesperado en este suceso. La posibilidad de que el agresor haya actuado influenciado por un grupo como True Crime Community (TCC), que expresa fascinación por los perpetradores de crímenes reales, se incorpora al análisis del caso. Esta situación también provoca una alerta en las autoridades fiscales nacionales, dado que este tipo de comunidades son objeto de seguimiento por parte de brigadas antiterroristas.
El director de Investigación Criminal de Santa Fe, Rolando Galfrascoli, fue el primero en mencionar que esta hipótesis había entrado en la investigación del caso de San Cristóbal. “Estamos trabajando en un fenómeno que trasciende las fronteras de Argentina, ya que se trata de una red internacional. Así como se está investigando en las provincias, también tiene repercusiones en otros países, donde esta red difusa y anárquica busca causar el mayor daño posible, venerando a los autores de masacres similares”, declaró en una entrevista radial.
El funcionario de Seguridad también destacó que las alertas generadas tras el incidente en la escuela 40 Mariano Moreno de San Cristóbal lograron neutralizar un posible ataque similar. “Esta acción impidió que tal vez otra persona cometiera un hecho de características semejantes. Una de las denuncias acerca de amenazas culminó en Sunchales, donde se secuestró un arma de fuego cargada y lista para disparar en manos de un menor, quien deberá dar explicaciones ante la Justicia, pero estamos seguros de que había manifestado su intención de cometer un crimen”, explicó.
El joven que disparó en San Cristóbal no enfrentará un proceso penal, ya que la ley juvenil no lo considera punible. La remera encontrada en su hogar es similar a la que utilizó uno de los jóvenes responsables de la masacre en Columbine, Colorado, el 20 de abril de 1999, que dejó un saldo de doce estudiantes y un profesor asesinados.
La semana pasada se llevó a cabo una audiencia judicial confidencial en Rafaela, donde el chico involucrado en el incidente compareció. El juez penal aceptó las medidas propuestas por el fiscal Luis Schiappa Pietra y funcionarios de la Secretaría de Niñez, dado que el joven no es punible. El magistrado prohibió a los presentes, en virtud de su rol institucional, difundir cualquier información relacionada con lo discutido en esa reunión.
Tras la audiencia, el fiscal Schiappa Pietra realizó una declaración breve que, a la luz de la información actual, cobra un matiz sugestivo. “Hay muchas aristas en esta investigación. Desde un principio explicamos que este evento había sido planificado y estaba atravesado por una serie de relaciones y vínculos en redes sociales”, comentó.
Este lunes se reportó la detención de un nuevo adolescente de 16 años, vinculado al incidente de San Cristóbal. El hecho ocurrió en la ruta 11, en la localidad de Nelson, a 40 kilómetros de Santa Fe. Este joven estaba relacionado con el adolescente que disparó, y ambos mantuvieron intercambios en la plataforma Discord, donde discutieron sobre matanzas en diferentes colegios de Estados Unidos y Serbia. Los investigadores sostienen que el joven detenido tenía información previa sobre el ataque que dejó un alumno muerto y a ocho heridos de gravedad leve.
“Contamos con información contundente sobre cómo se desarrollaban estas comunicaciones y relaciones con otras personas. Sin embargo, no podemos determinar la magnitud de estas interacciones, ya que se trata de una forma de comunicación en redes más compleja de lo que se cree, con mecanismos para ocultar identidades. Además, estas comunidades digitales suelen ser muy cerradas”, afirmó el fiscal.
La Secretaría de Análisis Integral del Terrorismo Internacional (SAIT), parte de la Procuración General de la Nación, elaboró recientemente un documento sobre la consolidación del fenómeno del TCC, cuyos miembros se dedican a seguir y, en ocasiones, emular a los perpetradores de homicidios masivos. El informe advierte sobre el desarrollo de una subcultura compuesta por comunidades digitales radicalizadas, que producen narrativas que presentan a los criminales como figuras admirables o dignas de imitar.
La SAIT señala que, en su labor cotidiana de investigación, ha detectado siete causas en tramitación en diferentes lugares de Argentina que presentan características similares a este fenómeno.
Los vínculos entre grupos de Argentina y seguidores del TCC se establecen en el ecosistema digital, no solo a través de teléfonos celulares, sino también mediante consolas de videojuegos, donde se generan intercambios. El informe destaca características comunes entre los integrantes de estas redes conectadas al TCC, como antecedentes de aislamiento social, experiencias de victimización, dificultades para integrarse y un consumo intenso de contenidos digitales. También se observan rasgos como la misantropía, un profundo odio hacia la humanidad y la sociedad, problemas de salud mental, baja autoestima e ideación suicida, y una gran exposición a material gráfico extremo y videos violentos.

