La relación entre Javier Milei y Toto Caputo atraviesa un momento crítico. La inflación en constante ascenso durante los últimos diez meses ha erosionado la credibilidad del ministro de Economía. La frustración del Presidente se hizo evidente en un tweet de este martes, donde mencionó el anuncio de inflación de Caputo y remarcó en mayúsculas: "El dato es malo".
En este juego de poder que es la política, Caputo ha estado trasladando la culpa de su fracaso a la "interna" entre Karina Milei y Santiago Caputo, enfatizando especialmente la ambición de poder de la hermana del Presidente. Es comprensible, ya que el otro es su sobrino.
Sin embargo, la crisis que enfrenta Caputo es mucho más profunda. El ministro se encuentra estancado, sin ideas innovadoras. No logra presentar soluciones efectivas para los problemas actuales, y sus discursos, cada vez más agresivos y arrogantes, se limitan a criticar a un kirchnerismo que ya no tiene poder real. Además, hace promesas optimistas sobre futuras caídas de la inflación y "momentos dorados" en la economía, repitiendo el mismo discurso que fracasó en el pasado.
Federico Sturzenegger intensificó sus críticas hacia Caputo en las últimas semanas, y el descontrolado 3,4% que marcó la inflación en marzo le dio la oportunidad perfecta para profundizar sus ataques. "La inflación es culpa de Toto y Bausili", le aseguró a Milei, quien no es ingenuo y comprende que la situación no avanza como se esperaba.
Sturzenegger, alineado con el FMI, ha levantado cuestionamientos sobre la política cambiaria y monetaria de la actual dupla que dirige la economía. Las inconsistencias son evidentes: Caputo ha mantenido un control sobre el dólar y abierto las importaciones con la intención de frenar la inflación. Sabía que esto implicaba la destrucción de miles de empresas nacionales, pero los ajustes recesivos de su enfoque liberal se aplican de esta manera. Sin embargo, la inflación no solo no disminuyó, sino que aumentó.
El superávit fiscal se ha descontrolado, como se puede observar en la situación crítica de los jubilados, que carecen de medicamentos y prestaciones, con un PAMI desfinanciado al que Economía le retiene giros por 1.000 millones de dólares. Asimismo, las rutas del país se encuentran en un estado deplorable, cobrando vidas cada semana, mientras el ministro utiliza ilegalmente los fondos del impuesto al combustible, destinados a la reparación y mantenimiento del sistema vial. La gestión de Educación, Ciencia y Cultura se ha visto reducida a cero, todo esto bajo la mirada cómplice de una Justicia que, con el pretexto de no involucrarse en política, permite la violación de leyes.
El programa económico ha llegado a un punto crítico, donde los problemas actuales, como el impacto de la guerra en los precios, se entrelazan con las consecuencias de decisiones erróneas tomadas en el pasado. Por un populismo cambiario, Caputo decidió liberar el cepo para las personas, pero no para las empresas. Esto ha generado una fuga histórica de dólares por compras y viajes, mientras la inversión extranjera directa se mantiene casi nula. De hecho, las multinacionales que pueden, se están yendo. Además, el prometido auge de la minería se ve obstaculizado por la falta de infraestructura adecuada para inversiones de tal magnitud. La planificación brilla por su ausencia.
En el horizonte, se acumula la tensión con el sector agropecuario, que muestra reticencias a liquidar la cosecha bajo las condiciones actuales de dólar y retenciones. Después de que el año pasado se eliminaran las retenciones, en el campo surge la pregunta: ¿por qué no repetir la estrategia de retener la producción y esperar que el ministro se vea acorralado?
La agotadora gestión de Caputo es evidente y su única respuesta parece ser seguir prometiendo ajustes sobre ajustes. Hasta empresarios, tradicionalmente liberales, como el presidente de la Bolsa de Córdoba, Manuel Tagle, le han solicitado directamente que considere la situación social. Un reclamo similar se escuchó entre los empresarios que se reunieron en la conferencia de Amcham este martes.
El dilema que enfrenta Milei es claro: puede optar por permanecer en su zona de confort y seguir creyendo en la recuperación, la caída de la inflación y el "momento dorado" que su ministro le asegura. Esto implicaría atar su destino al de Caputo y arriesgar meses valiosos de cara a la reelección, en caso de que las promesas no se cumplan y luego deba reemplazarlo.
O puede decidir cambiarlo ahora y tratar de salir de este laberinto, corriendo el riesgo de abrir una crisis de confianza que desmorone lo poco que ha logrado construir. Las opciones en política no suelen ser fáciles, pero de un lado está la aversión al riesgo, el temor a no estar capacitado para liderar el proceso que permita la salida de Caputo. Es decir, miedo proyectado a un futuro incierto. Y del otro, una realidad: el fracaso del ministro de Economía afecta directamente las posibilidades de reelección del Presidente, mientras en el establishment crece la corrosiva idea de que ya no tiene nada más que ofrecer.
Por eso, no fue casualidad que este martes, mientras Milei se enredaba en una explicación confusa sobre por qué la inflación sube, pero promete bajar, los empresarios y las cámaras comenzaran a buscar a Patricia Bullrich.

