El riesgo país se disparó a 594 puntos, alejándose considerablemente de la meta de 400 puntos que el gobierno había establecido para poder regresar a los mercados de deuda voluntarios. El ministro Luis Caputo dejó pasar una oportunidad crucial para tomar deuda y refinanciar sus pasivos, tal como hizo Ecuador. En un contexto global marcado por conflictos bélicos, la incertidumbre sobre el regreso a los mercados se hace evidente.
Este aumento en el riesgo país también refleja los problemas estructurales del programa económico implementado por Javier Milei. La destrucción del aparato productivo se expande y el consumo se desploma. Un dato alarmante es la caída en la recaudación fiscal, que en febrero casi alcanzó el 10 por ciento. Surge entonces una pregunta crucial: si la recaudación sigue disminuyendo, ¿cómo se afrontarán las deudas?
Este interrogante ya genera repercusiones en el equipo económico, y la semana pasada provocó la salida del secretario de Finanzas, Alejandro Lew, a quien se le atribuye no haber sabido aprovechar la oportunidad de fondearse, como se reveló en informes exclusivos.
La recaudación experimentó una caída del 9,5% y las provincias sufrieron pérdidas que ascienden a 500 mil millones de pesos solo en febrero. Este descenso anticipa la necesidad de un nuevo ajuste en una economía que ya se encuentra exhausta. Este viernes, la situación se complicó aún más con el desplome de la bolsa y el aumento del dólar, lo que redujo drásticamente la acumulación de reservas, que apenas alcanzó los USD 17 millones.
Países con escasas reservas de divisas, como Argentina, Sri Lanka, Pakistán y Turquía, enfrentan un riesgo elevado de salidas de capital repentinas y devaluaciones de sus monedas. La caída en el índice Merval fue impulsada por el colapso de Wall Street, en medio de la expansión del conflicto en Medio Oriente, donde la percepción de que Irán no es Venezuela complica aún más la situación.
La crisis global encuentra a Argentina en una posición particularmente vulnerable, especialmente ante los vencimientos de deuda que se aproximan para este año. El Citi fue el primero en alertar sobre la complejidad de la situación argentina, señalando que los países con bajas reservas de divisas enfrentan mayores riesgos de salidas de capital y depreciación de sus monedas en medio de la crisis global.
Caputo intentó minimizar la gravedad de la situación en una charla en la Fundación Mediterránea, afirmando que el comportamiento del riesgo país no depende de una única variable, una afirmación obvia que no aporta claridad. “Es muy difícil predecir los mercados”, añadió, cayendo en un lugar común. Luego, recurrió a un argumento ya desgastado: “el mercado todavía pricea un riesgo kuka”.
El economista Andy Spinelli lanzó una crítica contundente en redes sociales: “¿Por qué hoy ningún medio menciona el riesgo país? Hemos perdido la ventana para emitir deuda externa, al menos por ahora. Cuando EE.UU. rebote, que lo hará, y vean que Argentina sigue vendiendo… cuestionen el haber destruido la industria local que generaba dólares genuinos y no dólares prestados. Y echen a esta gestión económica. Los dejó atrapados a todos en una crisis externa, totalmente esperada”.
La frase se difundió rápidamente en el mercado. La raíz del problema es estructural. Sin dólares genuinos, la economía argentina se convierte en dependiente del humor de los inversores. “El ajuste fiscal es valorado, pero el mercado quiere ver dólares en el Banco Central respaldados por un crecimiento sostenible del sector transable. De lo contrario, la compresión del riesgo país tiene un límite”, comentó un analista del mercado.
La desconfianza hacia los activos argentinos se hizo palpable. Los bonos argentinos en dólares sufrieron caídas en Wall Street. El Bonar AL35 perdió un 1,8%, mientras que el Global GD35 cayó un 1,4%. En un contexto de fuga de activos de riesgo, los papeles argentinos se posicionaron entre los más golpeados. Como resultado inmediato, el riesgo país se disparó un 4,8%, alcanzando los 594 puntos básicos, el nivel más alto desde mediados de diciembre.

